Febrero.

Me recuperaba de una relación sentimental desastrosa. Dicen que ''Un clavo saca a otro clavo''. Ese jamás fue mi plan, ni mucho menos mi intención.

Habían pasado cosas terribles.
Horribles, en verdad.
Cosas que ni siquiera puedo recordar bien.

Estaba mal. Me corté. Lloré. Dormí. Dos meses, la misma rutina.
Ya vivíamos en Coyoacán, mi madre mi abuela y yo. Así que pensé que sería buena idea salir, al mismo tiempo que pensaba que era buena idea tener una mochila con documentos importantes para salirme de ahí si me volvían a pegar por puta, tal y como me aconsejó la señorita detrás de la línea suicida a la que había marcado semanas atrás.

Salí al Centro de Coyoacán. Siempre lleno de gente, y siempre sintiéndome tan sola. Esa era una habilidad mía, sentirme sola en fiestas, sentirme sola en un antro, sentirme sola cuando Alberto estaba conmigo.

Valentin. Lo conocí cerca de la Fuente de los Coyotes. Un sujeto hermoso. No puedo decir que fuera guapo, no, no era nada masculino, era hermoso. Nariz fina, larga, ojos dulces, color azulado, y cabello lacio. Todo pálido. Castaño cenizo, piel blanca. Esbelto. Parecía que se iba a romper en cualquier momento, porqué además, era alto. Se me acercó a preguntarme en un inglés un poco roto que era lo que hacía sola en una banca. Respondí que me gustaba no tener compañía. No le importó y se sentó.

Su inglés, como insinué, era complicado de entender, pero no porque no lo supiera hablar. Tenía un acento. Me dijo que era alemán, de Colonia, pero que había nacido en Stadhlohn. No tenía ni idea de donde estaba eso ubicado geográficamente. Era de las niñas que soñaba con ir a Londres, no con ir a Colonia.

Me contó que estaba aquí para hacer una entrevista a Molotov, por parte de una revista de metal alemana llamada Whiskey Soda. Más adelante, terminaría leyendo sus artículos en el traductor de Google porque insistía en mandarmelos, y yo solo contemplaría esos carácteres como si se tratara de caricias provenientes de sus dedos.

Ya no tenía Facebook. Lo cerré porqué Alberto hizo todo mierda, borré las fotos que detestaba que compartiera  Al parecer, me había emparejado con un obsesivo inseguro de lo peor y necesitaba no saber nada de nadie. Me lo pidió. Le di mi Instagram, nos abrazamos y me fui a casa abrumada.

Era un nuevo perfil de Instagram. No tenía muchos seguidores, ya que trate de pasar desapercibida para que mi ex-novio no volviera a molestar con lo mismo. Yo le tenía mucho miedo, en ese entonces. Recuerdo que cambié mi nombre a ''Abbey_Rosewood''. Y Abbey_Rosewood tenía un nuevo seguidor: LUXAIRAM.

En el espacio descriptivo de su cuenta, él había puesto ''I'm the best slow dancer in the universe''. Eso de ''slow dancer'', me hizo pensar que el era gay. No me tomé la molestia de siquiera revisar sus fotos. Pero a él le gustaron algunas de mis imágenes. Conversamos por medio de ellas, y fue entonces cuando le devolví los likes y volví a ver esos ojos.

Dios.

Aquellos ojos de un azul tan penetrante...

Le expliqué que no tenía Facebook, así que le pedí su KIK, ya que no teníamos ni idea de como agregarnos a Whatsapp. Hablamos por ahí y acordamos vernos al día siguiente.

Le conté a mi madre sobre este chico y se rió. Me dijo que su nombre aparecía en la agenda de Prensa de Molotov. Mi mamá trabajaba en el MKTG de la banda de manera independiente. Cuando lo vi le conté.

Nos vimos durante 2 días en el mismo lugar, pero escogimos un destino distinto los últimos días que estuvimos juntos: Los Viveros. Era todo lo que yo conocía en ese momento.

Después de mucho hablar, descubrí que no era gay. O quise pensar eso.

No me besó.
Ni tuvimos sexo.
Y ni habría querido hacerlo si hubiera tenido la oportunidad.

Fueron dos días, se fue al septimo, como si se tratará del descanso que Dios se tomó después de crear el Mundo.

23 años. 1.83. Alemán, residiendo en Alemania, para mi desgracia. Futuro abogado.  Mismos gustos, algunas diferencias, nada ''grave''.

Seguí, seguí embriagándome de él. Era irresistible.

Hablábamos a través de Skype.

Me ponía nerviosa siempre, sin poder decir nada claro por la ansiedad. Él sólo sonreía, y no entendía que mi risa se debía a que yo estaba en pánico.

Su sentido del humor era... Distinto. Es muy simple, encantadoramente simple. Pero, se tomaba las cosas muy en serio, mi risa le parecía ofensiva de cierta manera. Es ahí cuando tuve que aplicar un auto-control y fuerza de voluntad que no sé como pude sobrellevar.

Me encantaba.

Empezó a reír conmigo. Bromas, anécdotas. Todo me parecía muy interesante. Intentaba no hablar tanto, porque temía equivocarme una vez más.

Un día se quitó la camisa, sin previo aviso. Su excusa: ''Tengo calor''. No vi más que sus hombros desnudos.
Lánguidos.
Fue razón suficiente para provocar un deseo en mi que aún no entiendo como se generó.

Llegamos a hablar de sexo.

Sexo,
sexo, 
sexo.

Del sexo que queríamos tener. De las ganas de coger que teníamos. Pero jamás me enseñó nada, ni yo a él. Solo se quedó en palabras coladas a través de un filtro del deseo y el erotismo más puro que alguien podría imaginar, porqué no nos podíamos tener.

Me hablaba de la miel que encerraban mis piernas, de como quería lamerla al escurrir de mi.

Mis fluidos serían sus caramelos.

Tuvo una novia.
Estaba enamorado.
Rusa, seguramente hermosa y perfecta.
Me mandó una foto. No era perfecta, pero lo tenía a él.
Y le envidé.

Ya no hablaban, desde hace 2 años. Se veían poco y el amor murió.
Pero la seguía amando.
Y dejo de querer hablar después de un mes de videollamadas diarias.
 
Lo extraño.

Pero es él quien duda. No yo.

Me había dicho que estaba enamorado de mi.

Tal vez, se harto.

Tal vez conoció a alguien más.

Quiero pensar que estaba ocupado. Solo me buscaba los fines de semana y muy difícilmente sucedía eso. Y yo esperaba a que el siguiente fin de semana lo volviera a hacer.

Estoy enamorada.

Cada que escucho ''Alemán'', ''Alemania'' en el televisor, en conversaciones ajenas, o cuando llego a información relacionada a aquellas palabras, mi corazón se detiene un poco para permitirle tiempo a mi cerebro de reflexionar.

No hay día, en el que no se cruce por mi cabeza.
No hay día en que mis fantasías desaparezcan.

¡Correspóndeme. Valentin!

¿Por qué dijiste todo eso?

Habíamos planeado un viaje. ÉL fue quien me empujó a aceptar, quien me presionó para decir que SÍ.

''Incluso podemos vernos en París''.

Me pasó las fechas en las que tendría vacaciones...

Habíamos planeado un viaje...
¿Se acordará?

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